Hombres cultos

Ignorance strength

Durante mi paso por la universidad, una universidad española, he tenido que leer distintos textos del filósofo español Ortega y Gasset, como La rebelión de las masas o La deshumanización del arte. A  la gran mayoría, profesores como alumnos, el concepto de “hombres masa” les parece acertado, además de no tener problema alguno con el hecho de que el autor establece distintos niveles de personas, unos mejores que otros, según su acercamiento a la cultura.

Este latente deseo de algunos de aferrarse a la jerarquización de las personas, haciendo a unos mejores que a otros usando como referencia el concepto de cultura, me resulta escandaloso.

Cuando pienso en la típica persona “culta”, lo primero que me viene a la mente es una hombre europeo de unos 60 años que a menudo acude a la ópera, tiene amplios conocimientos de arte barroco, colecciona muebles antiguos, lee novelas realistas francesas y es acérrimo enemigo de las películas de superhéroes.

¿Quién decidió qué es exactamente “alta cultura”? El mundo globalizado en el que vivimos, donde la interculturalidad está presente, no hace ya coherente la creencia de una cultura elite. Esto se debe a que la noción de “alta cultura” no solo pretende establecer una jerarquía entre personas, sino también entre sociedades. Se coloca en la cima a la cultura cuyos héroes son hombres, blancos, heterosexuales en su mayoría y de determinadas condiciones sociales. Esta cultura tan elegante y exclusiva ha ignorado durante siglos las manifestaciones artísticas de varios continentes, además de grupos marginales. En el mundo actual, donde la diversidad es motivo de dicha y no de desprecio, no hay cabida para una “alta cultura”.

No por ello habría que concluir que ya no existen hombres cultos. Más bien, la definición se vuelve más compleja, pues admite distintas visiones sobre la realidad. Una persona culta es quien puede desenvolverse en distintos ambientes, pues posee conocimientos y experiencias sobre un amplio número de cuestiones y es, por tanto, capaz de reflexionar sobre la realidad humana.

Establecer distinciones entre “la masa” y “los hombres excelentísimos” no hace más que crear una brecha entre unos y otros que fomenta la ignorancia de todos. Los académicos que se enorgullecen de no tener Facebook y de no saber quién es Miley Cyrus son tan incapaces de entender al hombre como aquellos que nunca en su vida han abierto un libro.

-ana-

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